50 – Hexagrama 50 El Caldero

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El Caldero, el Atanor del Alquimista

Como hacemos habitualmente al comenzar el análisis de un hexagrama observamos que los símbolos que lo componen. Aquí tenemos a El fuego arriba Y el Viento Abajo.

 

arriba Li, Lo Adherente, el fuego

abajo Sun, Lo Suave, el viento, la madera

 

Li 63.- Hexagrama 63 Después de la Consumación El Fuego, alude a la claridad que se obtiene al adherir a algo superior a uno mismo a través de la línea blanda que adhiere y combustiona rodeada de luz. Por ese motivo el fuego se encuentra directamente vinculado la espiritualidad, a nuestras creencias, a la devoción, porque uno adhiere a algo, a una idea o un principio. Es, la percepción, la conciencia y la claridad que tengo. Desde el punto de vista social el fuego simboliza la estructura cultural, y en los hombres, la conciencia personal y espiritual.

El Fuego, como dijimos en el artículo de El Pozo de Agua, tiene que ver con el segundo bautismo o en realidad con una iniciación, regeneración y transformación, dado que en sí misma, la palabra “bautismo” implica directamente al agua dado que su significado es: «lavar» o «sumergir».  

En El Caldero, El Viento, La Madera, es quien da alimento a la llama que nos transformará e iluminará, dentro de este atanor alquímico que simboliza El Caldero.   

El Caldero transforma los alimentos crudos en cocidos, como el plomo representado por lo más básico y elemental de nuestra naturaleza humana es transmutado en nuestro oro alquímico.

Su silueta da la imagen de un útero donde algo sustancial, se gesta.

Ting de finales de la dinastía Shang

El caldero señala el pasaje de un tiempo profano a un tiempo sagrado; de lo más denso e instintivo a lo sutil, anunciando “el despertar de la consciencia”. Un tiempo místico, espiritual, un momento para revisar que hicimos o venimos haciendo mal y poder transformarlo porque la espiritualidad propone una visión honesta de la realidad, sin intermediaciones teológicas religiosas o políticas. Un proceso de introspección donde comienza a prepararse, a gestarse, un cambio sustancial y profundo.

Las épocas de alta cultura, como las llama el I Ching, son, como esta, tiempos de grandes cambios. Tiempos convulsionados, de movimientos sumamente intensos y transformadores. En el corazón del caldero, se percibe un salto cualitativo. El tiempo del Caldero es un tiempo de liberar ideas, teologías, creencias, rigideces personales, relaciones poco adecuadas, o bienes que requieren ser ofrendadas o resignificadas de algún modo. Es un tiempo de resignificar el papel que juegan las instituciones políticas y religiosas. Un tiempo de preguntarnos en qué pongo mi energía, como me nutro, qué consumo.

  Pero este proceso, no consiste en eliminar lo que consideramos malo o ya no me sirve, sea interno o externo, sino en transformarlo, introducirlo en el caldero, trepidar en eso para ser transmutado. Es un tiempo para preguntarnos

¿Qué estamos buscando afuera?

La clave del caldero esta adentro.

TÚ eres el Caldero, Nosotros somos El Caldero

 y nuestra posibilidad de transformación, inspiración y evolución no tiene límites.

 

En cada decisión que tomamos se juega de alguna manera la libertad de elegir, a través de esa cuota de libre albedrío que va direccionando nuestro destino.

Carl Jung, en el prólogo de la versión de Richard Wilhelm del Libro de las Mutaciones, interroga al I Ching, pidiéndole que se presente a sí mismo frente a Occidente; y este lo hace precisamente a través de “El Caldero”. Resulta delicioso el relato de Jung, para eso recomiendo remitirse a dicho prólogo.

Cada una de las líneas nos remite al proceso de nuestro propio desarrollo y evolución personal. Desde lo más inconsciente e inaccesible de las primeras líneas, hasta las más sutiles y esclarecidas en las superiores.

Comenzando por la invitación a vaciarnos, eliminando creencias o instancia obsoletas. Pero me parece importante resaltar que el caldero no discrimina a nadie, solo es necesario estar dispuestos a iniciar este proceso al que nos invita El Caldero.

En la mayoría de los hexagramas las terceras y cuartas líneas, suelen ser complejas. Son líneas de transición que requieren una tarea y reflexión. Si el asa del caldero esta alterada, como en la tercera línea, no estoy pudiendo integrar lo aprendido a mi vida diaria. Es un momento complejo del proceso ya que aún no alcanzo el estado de consciencia propuesto, pero ya no puedo volver atrás. Como toda tercera línea, nos muestra un momento de transición, como el nudo de un argumento. Una instancia donde estoy lista para pasar a otra etapa, pero todavía no me animo o no puedo integrar lo aprendido. Esta línea, es como la tercera línea de El Pozo donde dice que el pozo está listo, pero no sé bebe de él y ese es el pesar de mi corazón.      

El trato con gente de baja condición puede ser tanto con otras personas, como con otras áreas y debilidades personales que aun anhelan, o se encuentran apegadas a viejos estados o hábitos. En esta instancia, el proceso es complejo y surgen contradicciones. Si me descuido puedo malograrlo; por eso “…la comida del príncipe se derrama…”.  De hecho, la mutación de esta línea los lleva al hexagrama 18 El trabajo en lo Echado a Perder.

 

La dos últimas líneas muestras los frutos del trepidar en el Caldero.

Se termina la intermediación política o religiosa, El Caldero nos lleva a la honestidad personal, social y espiritual. A eliminar la falsa o doble moral, teológica, ideológica o política y nos propone responsabilidad personal y espiritual. La comunicación directa y profunda con lo divino que llevo dentro y para eso, necesito dedicar tiempo a este proceso de indagación, al estar con nosotros mismos. Y luego, volver al mundo cotidiano y poner en práctica, en el día a día lo comprendido. Porque en El Caldero “… lo verdaderamente divino no se presenta como separado de lo humano…”

Hasta la próxima.

Laura Paradiso


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En la versión de Richard Wilhelm se lee:

Ting / El Caldero

arriba Li, Lo Adherente, el fuego
abajo Sun, Lo Suave, el viento, la madera

 


Todo el signo ofrece la imagen de un caldero: abajo las patas, luego el vientre, luego las orejas, o sea las asas, y arriba las argollas para portarlo. La imagen del caldero sugiere al mismo tiempo la idea de la nutrición. El caldero, fundido en bronce, era el utensilio que en el templo consagrado a los antepasados y durante los festines celebratorios contenía los alimentos cocidos. El amo de casa los extraía del mismo y los distribuía en las escudillas de los huéspedes.

También el pozo implica como idea secundaria dispensar alimento, pero ahí se trata de un alimento destinado más bien al pueblo. El caldero en cuanto utensilio de una cultura refinada, sugiere el cuidado y la alimentación de los hombres capaces, un cuidado que redundaba en bien del gobierno estatal (cf. los cuatro signos de la alimentación, números 5, 27, 48, 50). Este signo y el signo “Pozo” son los dos únicos en el Libro de las Mutaciones que representan objetos artificiales concretos. Aunque también en estos casos la idea tiene su faz abstracta. Abajo Sun es la madera y el viento, arriba Li es la llama; de modo que representa la llama avivada por la madera y el viento, que, por su parte, también sugiere la idea del apronte de los alimentos.


EL DICTAMEN

El caldero. Elevada ventura. Éxito.


Mientras que el pozo trata del fundamento de lo social, que es como el agua que sirve de alimento a la madera, en este caso se alude a la superestructura cultural de la sociedad. Aquí es la madera la que sirve de alimento a la llama, a lo espiritual. Todo lo visible debe intensificarse y continuarse hasta penetrar en lo invisible. Así obtiene la debida consagración y la debida claridad, y arraiga firmemente en la trama de los nexos universales.
De este modo se exhibe aquí la cultura, tal como alcanza su culminación en la religión. El caldero sirve para los sacrificios ofrecidos a Dios. Lo más elevado de lo terrenal ha de ser sacrificado a lo divino. Pero lo verdaderamente divino no se presenta como separado de lo humano. La más alta revelación de Dios se encuentra en los profetas y los santos. La devoción que se brinda a éstos es la verdadera devoción hacia Dios. La voluntad de Dios, que se manifiesta por intermedio de ellos, debe ser acatada humildemente, y entonces surgirá la iluminación interior y la verdadera comprensión del mundo que conduce a una gran ventura y al éxito.


LA IMAGEN

Sobre la madera hay fuego: la imagen del caldero. Así el noble, rectificando su posición, afirma el destino.


El leño es el destino del fuego; mientras subsiste abajo, el fuego arderá arriba. Esto es lo que ocurre con la vida humana. También en el hombre hay un destino que presta fuerzas a su vida. Cuando se logra asignar a la vida y al destino el sitio correcto, se fortifica el destino, pues así la vida entra en armonía inmediata con el destino. Se encuentran en estas palabras alusiones al cultivo de la vida tal como la transmite por tradición oral la doctrina secreta de la práctica del yoga chino.


LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un seis significa:
Un caldero con las patas tumbadas.
Propicio para eliminar lo estancado.
Uno toma una concubina por amor a su hijo.
Ningún defecto.

Si uno vuelca el caldero antes de ponerlo en uso, esto no tiene nada de malo. Al contrario, de este modo salen los desechos. Una concubina es, de por sí, de baja condición, mas como tiene un hijo, logra honores.

Estas dos parábolas expresan la idea de que, en épocas de alta cultura como las indicadas por el signo, todo el que tiene buena voluntad puede de algún modo alcanzar su meta. Por baja que sea la condición de uno, con tal de que esté dispuesto a purificarse, será aceptado; alcanzará una situación en la cual podrá mostrarse fructífero en sus realizaciones, encontrando reconocimiento por ello.


Nueve en el segundo puesto significa:
En el caldero hay alimento.
Mis compañeros sienten envidia,
pero nada pueden contra mí.
¡Ventura!

En épocas de elevada cultura todo depende de que realmente uno realice algo. Si uno no confía sino en realizaciones reales, acaso llegue a tropezar con la envidia y el disfavor; pero esto no es peligroso. Cuanto más se limite uno a sus propias realizaciones positivas, tanto menos podrán afectarlo los envidiosos.


Nueve en el tercer puesto significa:
El asa del caldero está alterada.
Uno está impedido en su modo de vivir.
La grasa del faisán no se come.
Sólo cuando se precipite la lluvia,
se agotará el arrepentimiento.
Finalmente llega la ventura.

El asa es el elemento por el cual el caldero es alzado. Si se modifica el asa, el caldero no puede ser alzado y utilizado, y los finos alimentos que contiene, como la grasa de faisanes, lamentablemente no sirven a nadie de alimento.
Esta es la caracterización de alguien que, en una época de alta cultura, está en un lugar donde nadie lo tiene en cuenta, y así no encuentra reconocimiento, lo cual constituye un grave freno para su actuación. Todas sus buenas cualidades y dotes espirituales se desgastan inútilmente. Empero, sólo es necesario cuidar de que el hombre albergue realmente en su interior una posesión espiritual. Entonces sin duda llegará finalmente la hora en que se desvanecerán los impedimentos y todo marchará bien. Como en otros casos, la caída de la lluvia simboliza aquí la desaparición de la tensión.


Nueve en el cuarto puesto significa:
Al caldero se le rompen las patas.
La comida del príncipe se derrama
y se mancilla su figura.
¡Desventura!

Tiene uno por delante una tarea grave, plena de responsabilidad, para cuyo cumplimiento no está preparado. Como, por otra parte, uno no se dedica a esta tarea con todas sus fuerzas, sino que mantiene trato con gentes de baja condición, se malogra el proceso. Con ello uno mismo atrae sobre sí oprobio y vergüenza.
Kung Tse dice al respecto: “Carácter débil y posición honrada, poco saber y grandes planes, escasa fuerza y grave responsabilidad – rara vez escapará a la desventura.”


Seis en el quinto puesto significa:
El caldero tiene asas amarillas, argollas áureas.
Es propicia la perseverancia.

Hay un hombre en posición gobernante, accesible y modesto en su modo de ser. Gracias a esta actitud interior logra encontrar ayudantes fuertes y capaces que lo complementan y le ayudan en la ejecución de su obra. Es importante que en esta actitud, que requiere una constante abnegación interior, no se deje uno desviar de su rumbo, sino que permanezca firmemente en él.


Al tope un nueve significa:
El caldero tiene argollas de jade. ¡Gran ventura!
Nada que no sea propicio.

En el texto del trazo anterior se designa a las asas portadoras como áureas, con el fin de caracterizar su solidez. Aquí se designan como de jade. El jade se destaca por unir a la dureza un suave brillo. Desde el punto de vista del hombre accesible a los consejos, este es un consejo que actúa como un fuerte estímulo. Se hace referencia a este consejo desde el punto de vista del sabio que lo dispensa.
Aparecerá suave y purificado como el noble jade. De esta manera la obra encuentra beneplácito a los ojos de la divinidad dispensadora de gran ventura, y se torna grata a los hombres por lo cual todo marchará bien.

 


El Pozo de Agua


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