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16 Yü / El Entusiasmo
arriba Chen, Lo Suscitativo, el trueno 
abajo, Lo Receptivo, la Tierra
Observamos primero los trigramas que nos constituyen. Abajo, en lo más profundo de nuestra naturaleza, está la Tierra — K’un — el pueblo, la masa receptiva, aquello en nosotros que se entrega y espera ser movido. Arriba, el Trueno — Chên — que irrumpe, que estimula, que despierta esa fuerza divina invitándonos a movilizarnos y, en alguna medida, a abrazar la incertidumbre que la vida nos presenta una y otra vez.
El entusiasmo nace, entonces, de este encuentro: no es una fuerza que se nos impone desde una autoridad lejana, sino un movimiento que brota desde el suelo mismo de lo que somos, y que el trueno simplemente revela.
La cuarta línea es quien genera este entusiasmo. Es ella quien toma la iniciativa, quien pone en marcha el movimiento, quien cambia la situación e influye en nuestro destino. Pero es preciso notar su posición: es la línea de un funcionario, un lugar intermedio — no es el gobernante, no es quien ostenta el poder desde el trono. Nosotros, el pueblo que se entrega, habitamos la Tierra, el trigrama inferior. Esta cuarta línea está apenas un paso más allá, un poco más arriba — lo suficientemente cerca como para permanecer, como dice el texto, en empatía con el alma del pueblo. Y es justamente esta cercanía la que entusiasma. No se trata de un puesto inaccesible ni de una autoridad distante, sino de un liderazgo que camina entre nosotros — como el de un William Wallace, que no gobierna desde la lejanía sino que se levanta desde adentro del propio pueblo, y por eso mismo puede encenderlo.
Si observamos ahora nuestro hexagrama nuclear, descubrimos algo revelador: llevamos adentro el hexagrama treinta y nueve, El Impedimento. El Entusiasmo no niega el obstáculo — lo contiene. Y es justamente esta fuerza que nace de la Tierra y se eleva con el Trueno la que nos permite atravesarlo. No evitamos la dificultad: encontramos en el entusiasmo mismo el modo de transitarla.

La imagen de este hexagrama describe una celebración: un rito de invocación en el que pedimos asistencia, fuerza y orientación a los antepasados, a la divinidad o a las fuerzas de la naturaleza, estableciendo con ellas una alianza. Las antiguas tribus, antes de salir a cazar o a la guerra, celebraban una danza o un ritual. ¿Para qué? Para infundirnos entusiasmo, fuerza, poder y coraje — como el Haka de la cultura maorí, que representa orgullo, fuerza y unidad.
Un ejemplo contemporáneo de esta misma energía lo encontramos en la diputada neozelandesa Hana-Rawhiti Maipi-Clarke, la parlamentaria más joven de su país, quien se hizo viral al realizar un haka dentro del Parlamento para expresar su descontento con una ley propuesta y defender los derechos de las comunidades originarias. El gesto sigue siendo, hoy como ayer, el mismo: convocar una fuerza que nos trasciende para poder actuar con determinación.
https://www.google.com/search?q=haka+viral+en+el+congreso+de+Nueva+Zelanda&rlz=1C1SQJL_esAR831AR831&oq=haka+viral+en+el+congreso+de+Nueva+Zelanda&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIGCAEQRRg90gEJMTc4MmowajE1qAIIsAIB8QW837AA4xY-lw&sourceid=chrome&ie=UTF-8#fpstate=ive&vld=cid:10d422cd,vid:i72p9uO35Lk,st:0
Este hexagrama nos muestra lo chamánico que el I Ching trae implícito. Nos cuenta cómo, desde los comienzos de la historia, invocamos y pedimos asistencia a algo superior para poder salir del impedimento — con entusiasmo, con energía, con fuerza, con poder, utilizando la música y la danza para estimularla.
Lo que El Entusiasmo nos muestra es que existe un liderazgo capaz de movilizar el espíritu de las masas, de generar entusiasmo en un pueblo, en un grupo de amigos o en una familia. Tenemos la capacidad de movilizar a otros cuando obtenemos la fuerza de algo que está más allá de nosotros mismos. Por eso este hexagrama habla de tocar el mundo visible con lo invisible.
¿Qué hacíamos antiguamente antes de la guerra? Nos reuníamos alrededor del fuego, realizábamos un ritual de empoderamiento, pedíamos a los espíritus que nos dieran fuerza, poder y coraje para luchar, para cazar, para tomar la decisión que había que tomar. Recordemos que adentro llevamos el impedimento, la dificultad — por eso necesitamos tomar una decisión, y para eso necesitamos un espíritu que nos movilice. Si nos acobardamos, quedamos atrapados en el impedimento. Aquí, en cambio, obtenemos el valor de algo superior.
Se trata de hacernos fuertes para enfrentar el peligro, la adversidad, lo que sea que tengamos por delante. El Entusiasmo genera valor, alegría, ganas de hacer, fuerza para movilizarnos.
VEAMOS LAS LINEAS
La primera línea es blanda — yin — y no tiene fuerza propia para iniciar el movimiento. Sin embargo, está en contacto con la línea fuerte del cuarto puesto, ese nueve que es precisamente quien genera el entusiasmo en todo el hexagrama. Recordemos que en el I Ching siempre se corresponden la primera línea con la cuarta, la segunda con la quinta, y la tercera con la sexta.
Por eso esta primera línea alardea de su vínculo con quien concentra la fuerza. Ese “soy amigo de…” no nace de mérito propio, sino de la proximidad con el poder ajeno — y ahí está el problema: habla de jactancia. Proclamamos en voz alta un entusiasmo que no hemos ganado con esfuerzo propio, sino que tomamos prestado de la cercanía con otro.
Si observamos la mutación de esta línea, algo se confirma con claridad: al transformarse el yin inicial en yang, el trigrama inferior deja de ser Tierra y se convierte también en Trueno. Obtenemos así el hexagrama cincuenta y uno, El Trueno — el trueno duplicado, la conmoción repetida sin pausa. Es la imagen exacta del exceso: un entusiasmo que se anuncia a sí mismo, que resuena hacia afuera sin haberse asentado primero en la Tierra que lo sostiene. Cuando pregonamos nuestro entusiasmo antes de haberlo encarnado, el trueno se duplica pero pierde su fundamento — y ahí reside el infortunio que anuncia esta línea.
La segunda línea nos habla de una postura independiente. No nos adelantamos ni nos quedamos atrás. Estamos directamente relacionados con la línea de arriba —la quinta— y la observamos con atención. Si vemos que la situación avanza bien, la seguimos. Pero en cuanto notamos que se desvía, decimos: hasta acá te seguí, más allá no. Por el motivo que sea, no nos dejamos arrastrar. Si lo consideramos justo, seguimos; si no, nos corremos. Somos independientes, tenemos juicio propio, sabemos ubicarnos. Es una línea blanda en un puesto blando pero central — y por eso sabe ubicarse.
Alguien puede encandilarnos con su entusiasmo y llevarnos de las narices hacia cualquier lado. Aquí, en cambio, no. En cuanto percibimos que algo no está bien, nos corremos, sin dejarnos llevar por ninguna ilusión. Somos independientes, tenemos criterio propio, y en cuanto vemos que algo se desvirtúa, nos apartamos.
No intentamos arrebatarle el liderazgo al otro — solo somos independientes. Si seguimos, es porque nos gusta hacia dónde vamos, porque nos transmiten energía, entusiasmo, y entonces avanzamos juntos. Pero si vemos que el otro patina, nos corremos. Ahí dejamos de seguir. Nada más que eso. No buscamos el poder ni el mando ajeno.
Cuando esta línea muta, se presenta el hexagrama cuarenta, La Liberación — que representa precisamente la salida del Impedimento, el hexagrama treinta y nueve que llevamos anidado en nuestro nuclear. Y tiene sentido: es justamente este discernimiento, esta capacidad de reconocer a tiempo cuándo un entusiasmo ya no nos sirve, lo que nos libera. No es la obstinación en seguir lo que nos saca del impedimento, sino la lucidez para soltar a tiempo lo que ha dejado de sernos fiel.
A diferencia de la línea anterior, la tercera línea no es autónoma. Es una línea blanda en un puesto que exige fuerza, y por eso mira hacia arriba, hacia la línea cuarta, buscando en ella el entusiasmo que no logra generar por sí misma. No decide con criterio propio como la segunda línea: se deja llevar, se apoya, espera que otro le indique el rumbo. Y en esa dependencia hay vacilación — vacilamos entre seguir mirando hacia arriba con ilusión o reconocer que, si tardamos en actuar por nuestra cuenta, también nos arrepentiremos.
Al moverse, esta línea nos lleva al hexagrama sesenta y dos, La Preponderancia de lo Pequeño. El mensaje es claro: se trata de volar bajo, de no aspirar a lo alto, porque no estamos en condiciones de hacerlo. Donde la segunda línea sabía ubicarse con independencia y discernía cuándo seguir y cuándo apartarse, la tercera línea, al carecer de esa fuerza propia, debe aceptar su justa medida: no pretender el vuelo alto que corresponde a otro momento, sino movernos con humildad, en lo pequeño, hasta tanto contemos con fuerza suficiente para más.
La cuarta línea es la que genera el entusiasmo. Es la única línea fuerte —yang— en un hexagrama compuesto por cinco líneas blandas, y por eso concentra en sí todo el poder de movilización. Se encuentra cerca del pueblo, cerca del grupo, y por eso enseguida es rodeada y acompañada: es quien muestra el camino, y los demás la sienten como a uno de los suyos. No gobierna desde la distancia del trono, sino desde la cercanía de quien camina entre nosotros — y es justamente esa cercanía la que despierta la adhesión espontánea de las demás líneas.
De ahí que su mutación nos lleve al hexagrama dos, Lo Receptivo. Cuando esta única fuerza yang se transforma en yin, el hexagrama entero se vuelve K’un puro, Tierra sobre Tierra. Nos hacemos uno con el entusiasmo: la fuerza que impulsaba desde un solo punto se disuelve en la totalidad, y todos —el que lideraba y quienes lo seguían— quedamos fundidos en una misma entrega receptiva. Es la imagen de un entusiasmo tan genuino que ya no necesita de quien lo genere: se ha vuelto el estado natural del conjunto.
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La quinta línea ocupa el trono, pero pasa desapercibida. No se desgasta, porque quien pone la energía en movimiento es la línea fuerte del cuarto puesto — no ella. Somos, en este lugar, el gobernante que reina sin gobernar realmente el entusiasmo: aquello que nos moviliza sigue siendo lo mismo de siempre, una fuerza ajena que sostiene la situación mientras nosotros permanecemos casi en la sombra. Es una posición de cierta fragilidad crónica — no hay ruptura, no hay caída, pero tampoco hay plenitud propia. Estamos solos con esto: no tenemos con quién compartirlo, porque el verdadero protagonismo pertenece a otro puesto.
Por eso el movimiento de esta línea nos conduce al hexagrama cuarenta y cinco, La Reunión. Como si el propio texto nos indicara la salida a esa soledad del trono: la invitación es a reunir los conocimientos y las habilidades de muchos, quizás diferentes entre sí, para poder realizar algo que nos trascienda. Lo que no logramos sosteniendo el entusiasmo en soledad, lo alcanzamos convocando — reconociendo que el poder de movilizar no necesita residir en un solo punto, sino que puede reunirse, congregarse, volverse coral.
La sexta y última línea nos cuenta cuántas veces, al seguir a alguien o algo, terminamos decepcionados. Pensábamos que era una cosa y resultó ser otra. Nos dejamos llevar por el entusiasmo para luego descubrir que eso no nos pertenece, que no nos cierra.
Lo importante, aquí, es poder verlo. De hecho, al moverse esta línea, el trigrama
Trueno se transforma en
El Fuego, claridad. Y es esa claridad la que nos permite cambiar. Esto nos pasa con las parejas, con los amigos, con los maestros, con los guías espirituales, y ni hablar de los políticos: los seguimos entusiasmados y, de golpe, vemos algo que no nos gusta. Y decimos: ay, no, no era como lo esperábamos. Sí, había algo ahí — pero no va por este camino.
Ese reconocimiento, esa visión que el fuego trae, es lo que nos conduce al hexagrama treinta y cinco, El Progreso. Porque ver con claridad que un entusiasmo se ha desvirtuado no es un fracaso: es el primer paso del avance. Solo cuando distinguimos lo que ya no nos pertenece podemos soltar y progresar hacia lo que sí es nuestro. La sexta línea nos enseña que el final del entusiasmo ciego no es el vacío, sino el comienzo de la lucidez.
Hasta La Próxima
Laura Paradiso
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en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:
Yü / El Entusiasmo
arriba Chen, Lo Suscitativo, el trueno
abajo, Lo Receptivo, la Tierra
La línea fuerte en el cuarto puesto, el del funcionario director, encuentra solicitud y obediencia por parte de todas las demás líneas que son débiles. El signo superior primario, Chen, tiene por atributo el movimiento; el inferior, K’un, la obediencia, la fervorosa entrega. Comienza, pues, un movimiento que se encuentra con el fervor y actúa en consecuencia en forma que apasiona, entusiasma. Gran significación tiene además la ley del movimiento en la línea de menor resistencia, que en este signo se expresa como ley de acontecer natural y de la vida humana.
EL DICTAMEN
El entusiasmo. Es propicio
designar ayudantes y hacer marchar ejércitos.
El tiempo del entusiasmo se funda en la presencia de un hombre importante que se haya en empatía con el alma del pueblo y actúa en concordancia con ella. Por tal motivo se le brinda una obediencia voluntaria y general. Con el fin de despertar el entusiasmo es necesario, por lo tanto, que en sus disposiciones se atenga a la índole de los conducidos. En esta regla del movimiento que sigue la línea de menor resistencia se funda la inviolabilidad de las leyes naturales. Estas no constituyen algo externo a las cosas, sino la armonía del movimiento, inmanente en las cosas. Por esta causa los cuerpos celestes no se desvían de sus órbitas y todo el acontecer natural tiene lugar con firme regularidad. De un modo parecido se presentan las cosas en la sociedad humana. También en su seno podrán imponerse únicamente aquellas leyes que se hallan arraigadas en el sentir del pueblo, pues las leyes que contradicen ese sentir solo suscitan el resentimiento.
El Entusiasmo hace asimismo posible que se designen ayudantes para la ejecución de las tareas, sin que sea necesario prevenir reacciones secretas. Por otra parte, el Entusiasmo es capaz de unificar los movimientos de masas, como en caso de guerra, al punto que obtengan la victoria.
LA IMAGEN
El trueno surge estruendoso de la tierra:
la imagen del Entusiasmo.
Así los antiguos reyes hacían música
para honrar los méritos,
y la ofrendaban con magnificencia al Dios supremo,
invitando a sus antepasados a presenciarlo.
Cuando al comenzar el verano, el trueno, la fuerza eléctrica, vuelve a surgir rugiendo de la tierra y la primera tormenta refresca la naturaleza, se disuelve una prolongada tensión. Se instalan el alivio y la alegría. De un modo parecido, la música posee el poder de disolver las tensiones del corazón surgidas de la vehemencia de oscuros sentimientos. El entusiasmo del corazón se manifiesta espontáneamente en la voz del canto, en la danza y el movimiento rítmico del cuerpo. Desde antiguo el efecto entusiasmador del sonido invisible, que conmueve y une los corazones de los hombres, se percibía como un enigma. Los soberanos aprovechaban esta propensión natural a la música. La elevaban y ponían orden en ella. La música sé tenia por algo serio, sagrado, que debía purificar los sentimientos de los hombres. Debía cantar loas a las virtudes del os héroes y tender así el puente hacia el mundo invisible. En el templo se acercaba una a dios con música y pantomimas (sobre cuya base se desarrollo mas tarde en el teatro. Los sentimientos religiosos frente al creador del mundo se unían a los más sagrados sentimientos humanos, los sentimientos de veneración a los antepasados. Estos eran invitados con motivo de tales servicios religiosos, como huéspedes del Señor del Cielo y representantes de la humanidad en aquellas altas regiones. Al enlazarse así, en solemnes momentos de entusiasmo religioso. El paso propio con la divinidad, se celebraba la alianza entre la divinidad y la humanidad. El soberano, que en sus antepasados veneraba a la divinidad, se constituía con ello en Hijo del Cielo, en el cual se tocaban místicamente el mundo celestial y el mundo terrenal. Tales pensamientos constituyen la última y más alta síntesis de la cultura china. El propio maestro Kung (Confucio) decía, refiriéndose al gran sacrificio durante el cual se cumplían estos ritos “Quien comprendiera por completo este sacrificio podría gobernar el mundo como si girara en su propia mano”.
LAS DIFERENTES LINEAS
Al comienzo un seis significa:
Entusiasmo que se exterioriza trae desventura.
Alguien en posición subordinada tiene relaciones distinguidas de las que se jacta, entusiasmado. En razón de esta petulancia atrae sobre sí, necesariamente, la desventura. El entusiasmo jamás ha de ser un sentimiento egoísta; antes bien tan solo se justifica en cuanto disposición de animo general que forman eslabón de unión con otros.
Seis en el segundo puesto significa:
Firme como una roca. Ni un día entero.
La perseverancia trae ventura.
Aquí se caracteriza alguien que no se deja engatusar por ninguna clase de ilusiones. Mientras que otros permiten que los encandile el entusiasmo, este reconoce con absoluta claridad los primeros signos del tiempo, del momento. De tal modo, no se muestra adulador hacia los de arriba, ni negligente hacia los de abajo. Permanece firme como una roca. No bien se presente el primer indicio de una malestar, una desavenencia, él sabrá retirarse a tiempo, sin perder siquiera un solo día. La perseverancia en una actitud semejante aporte ventura. Confucio dice al respecto: “Conocer los gérmenes es sin duda una facultad divina. El noble, en el trato hacia arriba no es adulador, en el trato hacia abajo no es arrogante. Él conoce bien los gérmenes. Los gérmenes son el primer comienzo imperceptible del movimiento, aquello que primero se muestra como señal de ventura (y de desventura. El noble ve los gérmenes e inmediatamente actúa. No se le ocurre aguardar un día entero.
En el Libro de las Mutaciones esta dicho:
Firme como una roca. Ni un día entero. La perseverancia trae ventura.
Firme como una roca, ¿para qué un día entero?
El Dictamen puede saberse.
El noble conoce lo secreto y lo manifiesto.
Conoce lo débil, también conoce lo fuerte:
Por eso las multitudes levantan hacia él la mirada.”
Seis en el tercer puesto significa:
Entusiasmo que mira hacia arriba engendra arrepentimiento.
Vacilación trae arrepentimiento.
He aquí lo contrario de la línea anterior: allí autonomía, aquí el entusiasmo de mirar hacia arriba. Si uno vacila durante demasiado tiempo, también eso origina arrepentimiento. En el acercamiento es cuestión de atrapar el momento correcto; únicamente así se atinara a encontrar lo recto.
Nueve en el cuarto puesto significa:
La fuente de origen del Entusiasmo; alcanza grandes cosas.
No dudes.
Los amigos se agrupan rodeándote,
como una presilla para el pelo.
Alguien capaz de suscitar entusiasmo gracias a su propia seguridad y carencia de escrúpulos; por el hecho de ser enteramente veraz y no abrigar dudas, atrae hombre. Al brindarles confianza, los conquista a fin de que colaboren con él con entusiasmo, y de este modo logra el éxito. Como una hebilla que presta sostén a los cabellos manteniéndolos unidos, así él reúne a los hombres mediante el sostén que les da.
Seis en el quinto puesto significa:
Perseverantemente enfermo y sin embargo nunca muere.
Aquí el entusiasmo se ve impedido: Se halla uno bajo una constante presión que en ningún momento le deja respirar aliviado. Pero hay circunstancias en que esta presión tiene su lado bueno. Uno se ve así preservado de que sus fuerzas se agoten en vacuo entusiasmo. De este modo esa constante presión puede servir, precisamente, para conservar la vida.
Al tope un seis significa:
Entusiasmo cegado.
Pero si después del encandilamiento logra uno el cambio, eso no será una falla.
Si uno se deja cegar por el entusiasmo, la cosa tendrá malas consecuencias. Pero aun si tal encandilamiento ha llegado a ser un hecho consumado y uno todavía esta en condiciones de cambiar, quedara libre de error.
Llegar a serenarse luego de un falso entusiasmo es perfectamente posible y muy favorable.
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