10 – A Lü / El Porte, La Pisada – Hexagrama 10

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10 –  A Lü / El Porte, La Pisada

10 - A Lü / El Porte, La Pisada - Hexagrama 10

Seguir o no a quienes caminaron antes que nosotros.

arriba Ch’ien, Lo Creativo, el Cielo
abajo Tui, Lo Sereno, el Lago

Este hexagrama nos habla del modo correcto de conducirnos: nos enseña a transitar con situaciones donde estamos en presencia de algo o alguien que nos excede en fuerza y poder. Eso que nos excede puede ser desde nuestro jefe, hasta el poder de la tradición familiar, de nuestros antecesores o ancestros. Su estructura lo dice todo: Ch’ien, el Cielo, arriba, es la fuerza en su expresión más pura, el principio creador que tiene el poder de su lado. Tui, el Lago, abajo, es lo sereno, la hija menor, el trigrama que posee la capacidad de reflejar o espejar desde la sonrisa o la alegría de estar apoyado en si mismo.
La imagen es precisa: lo blando pisa justo detrás de lo más fuerte, le sigue los talones, se mueve en su misma dirección sin oponerse. Y sin embargo, si ese seguir se hace con serenidad y respeto, lo fuerte no lo daña. Ahí radica la inteligencia de la serenidad: navegar junto al poder sin ser aplastado por él, e incluso, desde ese lugar aparentemente menor, alcanzar lo que se anhela. El Lago no compite con el Cielo —no podría—; lo refleja. Cuando el cielo está claro y despejado, el lago brilla. Esa es la clave energética de todo el hexagrama: no hay victoria por confrontación sino por resonancia.
Si observamos el hexagrama nuclear —esa estructura interna que revela la esencia oculta de una situación—, vemos que dentro de Lü, el Pisar, se encuentra latente el Hexagrama 37, El Clan. Este dato no es menor: nos indica que el modo de “pisar” con cautela que propone este hexagrama no es meramente una técnica de comportamiento social o una diplomacia de superficie. Su raíz está en el orden interno de los vínculos: en cómo se distribuyen los roles dentro de un sistema —familiar, laboral, energético— y en la capacidad de habitar el lugar que nos corresponde sin fracturar la coherencia del conjunto, sin usurpar ni renunciar.
La estructura misma de Lü —Cielo arriba, Lago abajo— es elocuente también en este plano. El trigrama superior representa la autoridad, la ley, el principio paterno, lo que rige desde lo alto: puede ser un jefe, una institución, una norma trascendente, o —en un plano más íntimo— Puede ser, nuestro “deber ser”. El trigrama inferior, el Lago, es lo receptivo gozoso: lo femenino sereno, lo que fluye sin oponerse. Cuando el ego pretende imponerse a esa autoridad mediante la confrontación directa —queriendo “tener razón”—, opera bajo la lógica del yin que choca con el yang, genera fricción, desgaste y/o pérdida. El hexagrama nos enseña una vía distinta: la transformación a través de la alegría, la cualidad esencial de Tui. No es sumisión, es alquimia: lo blando disuelve lo rígido no por debilidad, sino porque opera en una frecuencia que la rigidez no puede combatir. La autoridad, tocada por la serenidad apoyada en si mi misma, se ablanda —no por derrota, sino porque algo en ella reconoce lo que no necesita ser defendido.
La imagen central de Lü —pisar la cola del tigre— condensa todo esto en un símbolo de precisión casi iniciática. Representa el umbral, el punto de máxima vulnerabilidad donde el más mínimo desajuste de consciencia tiene consecuencias reales. Pero la enseñanza no es evasiva: no se trata de evitar al tigre, porque el tigre —la autoridad, el peligro, lo que nos supera en fuerza o incluso el miedo— es parte constitutiva del camino. Lo decisivo es la calidad de la presencia con la que se pisa. La arrogancia activa el instinto de la fiera; la consciencia plena, el respeto encarnado, la ausencia de intención agresiva, generan un campo que el tigre —que percibe antes de pensar— reconoce y respeta. No hay truco ni técnica: hay alineación. Y es esa alineación, más que cualquier estrategia, es la que nos permite pasar.

VEAMOS LAS DIFERENTES LINEAS

El caminar de la primera línea es la búsqueda con espontaneidad, es el comienzo. Es ese conocido dicho que expresa “El primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero te saca de donde estás” Está probando, está aprendiendo del camino, investigando. Es sincero en su búsqueda. Es la imagen del que inicia su camino con humildad genuina, sin imposiciones. Con el movimiento de la primera línea, el Lago se transforma en Agua. Acá el I Ching nos aconseja que, al comenzar a transitar este terreno delicado, vayamos con intenciones claras, sin dobleces. Si vamos con el corazón limpio, sin segundas intenciones, no hay falla. Es como entrar a una reunión importante sabiendo exactamente qué venimos a hacer, sin querer jugarla de listos. La conducta simple nos protege. Nos concentramos en nuestro proyecto, aunque no sepamos a dónde nos llevará, porque ¿quién pude saberlo de antemano?
La línea segunda nos muestra a alguien que se mantiene fiel a si mismo, sin dejarse arrastrar por las exigencias externas ni por la compañía. Quien camina “solitario” no es alguien aislado, sino aquel que no necesita validación ajena para sostener su camino. Aquí, el Lago se transforma en Trueno, y el hexagrama que surge es el de La Inocencia (hex 25): Un movimiento espontáneo, sin especulación, que no busca demostrar nada porque no parte de un plan ni de una estrategia montada de antemano. Si vemos que el ambiente está tenso, nos guardamos la claridad para nosotros. Esta actitud no es desde la mezquindad o la cobardía, es desde la misma expresión del Lago: Este refleja solo lo que la superficie permite ver, y guarda en profundidad lo que no necesita ser mostrado. Es cierto que el Trueno late por debajo —espontáneo, genuino, sin impostura— pero la superficie del Lago decide cuándo y cómo eso se expresa hacia afuera. No reprimimos nuestra verdad, simplemente no la exponemos donde no va a ser recibida. Caminamos “el sendero llano y uniforme” precisamente porque no necesitamos que nadie más lo valide ni lo presencie.

En la tercera línea aparece el nudo del hexagrama. Nos muestra que, si sobrestimamos nuestra capacidad, estamos viendo con un solo ojo, Creyendo que vemos bien. Es la trampa del autoengaño. Quizá pusimos demasiada expectativa en algo o en alguien, y es justo ahí donde el tigre nos muerde.
Otra faceta de esta línea nos recuerda que a veces nos jugamos por algo que, pese a ser conscientes que nos excede; nos entregamos en servicio a algo que consideramos de gran importancia. Como el guerrero que sirve a un gran príncipe, nuestro error no es cobardía sino exceso de celo al servicio de algo más grande que nosotros mismos. Es una advertencia, no una condena moral.
En la cuarta línea, el Cielo se transforma en Viento. Aquí también pisamos la cola del tigre, pero la actitud es distinta. Hay respeto y cautela. No hay soberbia. Cuando uno se da cuenta del peligro y se pone en guardia, el tigre no te hace daño. Es esa actitud de “sé que esto es delicado, me muevo con cuidado, no me hago el valiente”. Y eso, el Cielo lo premia. Es el final afortunado de darse cuenta del riesgo y ajustar la conducta.
En la cuarta línea nos encontramos en el trigrama superior. Nos pusimos en contacto con nuestra verdad, y esa verdad comienza a materializarse en el mundo externo, se hace visible a los demás. Hemos definido la “cosa” y la estamos construyendo desde los cimientos de nuestra interioridad. Persistimos poniendo un pie delante del otro. Correctos, erguidos, firmes. ¿Quién puede interponerse a nuestro camino si lo transitamos con resolución, alegría y con conciencia del costo? Si alguien se molesta por nuestra alegría al recorrer el propio camino, es su problema, no el nuestro. Acá también pisamos la cola del tigre, como en la tercera línea —el peligro objetivo es el mismo—, pero la diferencia básica radica en la actitud personal: aquí hay conciencia del riesgo, prudencia, mesura. El peligro se atraviesa con observación. Por eso el desenlace es distinto. La clave de la encontramos en el movimiento de esta línea donde el Cielo se transforma en Viento, y lo que obtenemos es el hexagrama 61 “La Verdad Interior”. Aquí, nuestro pisar, sostenido por el Lago, es la materialización externa de algo que ya es verdadero por dentro. El viento que se mueve sobre el lago y al movilizar su superficie tomar forma visible.
La quinta línea representa la fuerza de quien sabe que está haciendo lo correcto y aunque el entorno sea hostil, asume su posición. Esa coherencia interna es la que nos sostiene. Esta es la línea central del trigrama superior, en la posición de mayor autoridad: muestra resolución firme. A diferencia de la línea 3, aquí la fuerza yang se encuentra en el lugar correcto y mantiene plena conciencia de su poder. Es la representación de un liderazgo maduro, que nos enfrenta a la compleja posición de quien tiene la responsabilidad de hacer encajar todas las piezas para que algo funcione. Por eso es coherente que, al moverse esta línea, el Cielo se transforma en Fuego, dando lugar al hexagrama 38 “El Antagonismo”. Nuestra firmeza, sostenida desde el centro genera tención. Pero esa misma tensión es la que pone a prueba y confirma nuestra posición. No buscamos eliminar el antagonismo, lo sostenemos con la claridad de quien puede incluir al otro sin perderse a sí mismo.
En la sexta línea concluimos el circuito: hemos recorrido el camino completo, atravesamos todo el proceso. Pisamos con determinación, ya tuvimos o no cuidado, ya nos jugamos y nos mordió o no el tigre. Ahora podemos contemplar el camino y evaluar lo realizado. Aquí aparece nuestra objetividad. Ya no estamos en medio de la situación: podemos verla con distancia y evaluarla de acuerdo con los resultados obtenidos. Esto nos permite cerrar el ciclo con conciencia: la conciencia de reconocernos en nuestros propios actos.
Es significativo que, al moverse esta última línea, el Cielo se transforme en Lago, devolviéndonos al elemento que sostuvo todo el recorrido desde su origen. Lo que comenzó como cimiento —el Lago bajo el Cielo, la alegría que acompaño cada paso aun sin saber a dónde nos llevaba— se revela finalmente como la naturaleza completa del camino: Lago sobre Lago. Como reconocimiento: donde caminamos todo este proceso —el autoengaño, la firmeza, la verdad interior, el antagonismo sostenido con dignidad— y lo que queda, al evaluar con objetividad lo recorrido, es la alegría misma, ahora consciente y apoyada en sí misma.
Hasta La próxima
Laura Paradiso
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En la versión de Richard Wilhelm leemos:
Lü /El Porte La Pisada
El Porte representa, por una parte, el modo correcto de conducirse. Arriba se halla el Cielo, el padre; abajo el lago, la menor de las hijas. Esto muestra la diferencia entre alto y bajo, una distinción que constituye el fundamento de la compostura, la tranquilidad, el comportamiento correcto en la sociedad. Lü, en el sentido de pisada, significa literalmente: pisar sobre algo. Lo sereno, que es pequeño, pisa sobre lo fuerte que es grande. El movimiento de ambos signos primarios o trigramas se dirige hacia arriba. El que lo fuerte pise lo débil es algo obvio y no encuentra mención especial en el Libro de las Mutaciones. El pisar por parte de lo débil, su porte frente a lo fuerte, no resulta con todo peligroso, pues ocurre con alegre serenidad, sin arrogancia; de este modo lo fuerte no se irrita sino que más bien lo deja hacer, con benevolencia.

EL DICTAMEN

Pisar la cola del tigre.
Este no muerde al hombre. Éxito.
La situación es en verdad difícil. Lo más fuerte y lo más débil se encuentran en contacto directo. Lo débil le pisa los talones a lo fuerte y se entretiene provocándolo. Pero lo fuerte lo deja hacer y no le hace daño alguno, pues el contacto es alegre y nada hiriente. La situación humana es esta: uno tiene que habérselas con personas salvajes, inabordables. En este caso el objetivo deseado se alcanza si en su porte, en su conducta, se atiene uno a las buenas costumbres. Las formas de conductas buenas y gratas conquistan el éxito aun en el caso de enfrentarse con gente irritable.

LA IMAGEN

Arriba el Cielo, abajo el lago: la imagen del Porte.
Así distingue el noble entre alto y bajo
y afirma con ello el sentido del pueblo.
El cielo y el lago revelan una diferencia de altura que se ha producido por sí misma conforme a la naturaleza de ambos; por lo tanto ninguna forma de envidia enturbia esta relación. Así también en el seno de la humanidad tiene que haber diferencias de nivel. Es imposible lograr que la igualdad general sea una realidad. De lo que se trata es que las diferencias de rango en la sociedad humana no sean arbitrarias e injustas, pues de otro modo la envidia y la lucha de clases será consecuencia inevitable. Si, en cambio, las diferencias de rango externas responden a una justificación interior, y si la dignidad interior forma la pauta para el rango externo, reinará la calma entre los hombres y la sociedad logrará el orden.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un nueve significa:

Porte sencillo. Progreso sin defecto.
Se encuentra uno en una situación en la cual todavía no lo comprometen los deberes del trato. Si se comporta con sencillez, permanecerá libre de compromisos sociales y podrá dedicarse con toda tranquilidad a las inclinaciones de su corazón, puesto que nada exigirá de los hombres y se mostrará contento. Pisar significa no detenerse, sino más bien seguir la marcha. Uno se encuentra en una posición inicial muy insignificante, pero posee la fortaleza interior que garantiza el progreso. Si se conforma con lo sencillo, podrá progresar sin defecto alguno. Cuando alguien no encuentra sosiego a raíz de su condición modesta, pretenderá avanzar y será ambicioso e inquieto; con su comportamiento se empeñará en escapar de su condición inferior, de la pobreza, y no en razón de su deseo de realizar algo. Una vez alcanzada la meta, se volverá con seguridad soberbio y hará ostentación de su prosperidad. De ahí que su progreso adolecerá de defectos. El hombre capaz e inteligente, en cambio, se mostrará contento en su porte sencillo. Sólo desea progresar con el fin de realizar algo. Si de este modo llega a la meta, logrará realizar su obra y todo marchará debidamente.

Nueve en el segundo puesto significa:

Pisar en llana y sencilla vía.
La perseverancia de un hombre oscuro trae ventura.
Se alude aquí a la situación de un sabio solitario. Este se mantiene apartado del bullicio mundanal, no busca nada, no quiere nada de nadie, no se deja encandilar por objetivos seductores. Permanece leal a sí mismo, y así atraviesa la vida recorriendo un camino llano y sin que nadie lo moleste. Como es sobrio y dócil y no desafía al destino, permanece libre de complicaciones.

Seis en el tercer puesto significa:

Un tuerto puede ver, un tullido puede pisar.
Pisa la cola del tigre. Este muerde al hombre. ¡Desventura!
Un guerrero actúa así en bien de su gran príncipe.
Un tuerto ciertamente puede ver, pero su vista no le alcanza para obtener una visión clara. Un tullido ciertamente puede pisar, pero ello no le alcanza para avanzar. Cuando alguien afectado de tales debilidades se tiene no obstante por fuerte, y en consecuencia avanza hacia el peligro, atraerá sobre sí la desgracia, puesto que se embarcará en una empresa que va más allá de sus fuerzas. Esta manera intrépida de embestir sin tener cuenta las propias fuerzas, puede a lo sumo aceptarse cuando se trata de un guerrero que lucha por su gran príncipe.

Nueve en el cuarto puesto significa:

El pisa la cola del tigre.
Cautela y circunspección conducen finalmente a la ventura.
Se trata de una empresa riesgosa. Existe la fuerza interior necesaria para llevarla a cabo. Pero esta fuerza interior se combina hacia afuera con una cautela vacilante, a diferencia del trazo anterior que siendo interiormente débil, arremete sin embargo hacia el exterior. Así, en este caso, queda asegurado el éxito final, que consiste en el hecho de imponer uno su voluntad, vale decir de superar el peligro mediante el recurso de seguir avanzando.

Nueve en el quinto puesto significa:

Porte decidido.
Perseverancia, con conciencia del peligro.

Se trata del regente de todo el signo. Se ve uno forzado a adoptar un porte resuelto, a pisar con decisión. Pero al proceder así debe tenerse siempre presente el peligro que implica semejante porte decidido, sobre todo si uno persevera en ello. Únicamente la conciencia del peligro hace posible el éxito.

Al tope un nueve significa:

Contempla tu porte y examina las señales favorables.
Si todo es perfecto, advendrá una elevada ventura.
La obra llegó a su término. Si se quiere saber si tendrá consecuencias venturosas, contémplense retrospectivamente el propio comportamiento y las consecuencias que ha tenido. Si los efectos fueron buenos, la ventura queda asegurada. Nadie se conoce a sí mismo.
Sólo por las consecuencias de su actuación, por los frutos de las obras, podrá apreciarse cuánto es dable esperar.



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